El joven príncipe tomó con cuidado el pie de Cenicienta y le probó el zapato de cristal. Encajaba a la perfección. Sin duda, era ella. El príncipe y Cenicienta se fundieron en un abrazo, se casaron y ella dejó su vida anterior y se fue con él. Y fueron felices y comieron perdices.

... Pero, ¿qué pasó después?

El príncipe y Cenicienta tuvieron una hija. Pasaron los años y la niña se hizo mayor. Trabajaba fuera de casa y tenía sus propios ingresos, era una mujer independiente. Un día apareció un príncipe con unos zapatos de cristal, y quiso probárselos, la historia parecía repetirse. Los zapatos eran perfectos para Cenicienta, y el príncipe le invitó a vivir con él en su palacio. Cenicienta quería al príncipe, pero no le gustaban el palacio ni los zapatos de cristal. Y tras unos años de relación, se fueron a vivir juntos, a una nueva casa, construida por ambos, en otra ciudad, y fueron felices, y cada uno eligió y pagó sus zapatos.

... Pero, ¿qué pasó después?

Dos años depués decidieron tener una hija, Cenicienta. Una niña que tuvo estudios, que conoció la historia de sus progenitores, y su genealogía. Un día Cenicienta vio un chico descalzo que le llamó la atención, se acercó a él, y le preguntó: ¿Hace mucho que no te compras unos zapatos? El chico levantó la cabeza y la miró. "Yo también soy más de chanclas", le dijo Cenicienta con ironía.

... Lxs dos rieron".


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